Por. Manuel Ballesteros Romero
Cuando el ministro Juan Manuel Santos salió ante los medios a decir que tenía todas las coordenadas de los guerrilleros que salían con unos secuestrados, sus declaraciones parecían sabotear los actos de liberación que se adelantaban. Nadie supuso que el fin de esa intervención era provocar que Raúl Reyes se desesperara y saliera a comunicarse por radio con sus hombres, como en efecto sucedió permitiendo su ubicación con el desenlace conocido. Después de estrategias como esa, como la operación jaque y de mostrarle al presidente Uribe y al país entero quien tenía el control sobre las fuerzas militares, con la convocatoria pública por los altos mandos militares al Consejo Superior de Seguridad; elaborar una estrategia hacia la presidencia de la república le resultaba elemental. Lo primero era mantener a los posibles contendientes ocupados debatiendo sobre la reelección (creada por él desde su partido) mientras desde el burladero, estudiaba los movimientos de todos y organizaba, sin opositores, su campaña. Lo segundo era excluir de la contienda a quien le pudiera disputar votos del uribismo. Era simple: Noemí ganaría la consulta con votos del partido de la U y él ganaba los votos uribistas del ex ministro Arias, erigiéndose como el vicario de Uribe, y el camino se abría a sus pies: competir contra cinco candidatos fuertes para cualquiera sería un obstáculo y para él fue una verdadera oportunidad. Sabía que había candidatos con peso propio que se podían ganar por sus méritos el reconocimiento de los medios y de los ciudadanos y antes que eso sucediera, escogió, para los electores y creó con ayuda de los medios, el que debía ser el opositor destacado y polarizante. Ya entre Arias y Noemí había escogido a esta última. Ahora entre los cinco decidió que sus opositores debían seguir a quien en el futuro fuera seguro derrotar: Antanas Mockus.
Mockus nunca había ganado nada a nivel nacional. Había fracasado estrepitosamente en dos elecciones presidenciales, donde nadie dijo que fuera inteligente, integro o interesante; tampoco resultaría fortalecido por Peñaloza que habría sufrido dos derrotas consecutivas: al congreso en 2006 y a la alcaldía de Bogotá en 2008 y ahora era derrotado en la misma consulta verde; tampoco sería fortalecido por Fajardo que había sido el gran derrotado en las elecciones de marzo. Mockus era la materia prima ideal para la gran creación mediática de Santos, él sabía que la competencia no le sería fácil si los medios lograban destacar un candidato como Vargas Lleras, Pardo o Petro, y antes de que uno de esos lograra el respaldo popular, creó para el pueblo, un becerro de oropel, para desmoronarlo cuando quisiera.
Distraídos en el ídolo de oropel nadie se fijó en los demás candidatos, aún cuando muchos dijeron que uno era el más estadista, que otro tenía el mejor programa y otro tenía mayor contundencia en sus discursos; pero para entonces, esos eran dioses menores y todos se embelesaban con el campeón de las redes sociales. Nadie sospechó porqué Mockus dejó de crecer cuando igualó a Santos en las encuestas; nadie sospechó tampoco, porqué su formula vicepresidencial lo abandonó en ese momento aduciendo una lesión. Nadie pregunta por qué el crecimiento de Mockus comenzó con la llegada de Fajardo y su declive coincidió con su partida.
El mismo que creó el becerro tenía la almádena para destruirlo: los debates (Santos ha sido, no sólo un hombre de medios, sino dueño de medios). Hubo, eso sí, medios que no se percataron de la estrategia y se convirtieron en parte de la masa que el mismo Santos había creado, pero el grueso de la prensa de la capital y las regiones ayudaron a construir el becerro de oropel y luego, con editoriales contundentes le quitaban la pátina dorada y dejaban al descubierto el polvo, mientras en el Olimpo electoral quedaba sólo y agigantado, el titán de las estrategias.
Ese becerro fue alimentado por las encuestas. Mientras hubo encuestas su reputación creía y cuando las encuestas terminaron su brillo se marchitó, como un girasol cuando cae la tarde. Esas encuestas produjeron un influjo poderoso en el pueblo entero, una especie de sortilegio que encantaba y ocultaba la realidad. Cuando desaparecieron las encuestas muchos salieron del encanto y vieron figuras como Vargas Lleras o Petro, pero ya era tarde. Sin embargo aún, ni Mockus, ni sus seguidores han entendido que fueron una creación del Dr. Santos, que su crecimiento fue un delirio: como en un juego de video fueron creados para ser vencidos y la estrategia ha resultado victoriosa.
domingo, 13 de junio de 2010
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)